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Muchos departamentos de mantenimiento viven en modo urgente: averías inesperadas, llamadas de última hora y técnicos corriendo de un lado a otro. Este enfoque reactivo agota al equipo, dispara los costes y dificulta justificar mejoras ante dirección. Pasar a un mantenimiento planificado en 90 días es posible si se combina método, disciplina y una herramienta GMAO como Sige21 que simplifique el cambio.​

Paso 1: entender la realidad y fijar foco

El primer paso no va de instalar software, sino de entender dónde se pierden tiempo y dinero. El punto de partida es identificar los activos críticos, los tipos de averías más frecuentes y los tiempos de respuesta actuales; basta con revisar los últimos meses de incidencias, partes en papel o ficheros Excel para tener una foto clara. A partir de ahí conviene definir objetivos muy concretos, por ejemplo, reducir un porcentaje de averías imprevistas o recortar las horas extra asociadas a urgencias en un plazo de 6–12 meses.​

En paralelo, se elige un área piloto donde el cambio sea visible pero controlable: un hotel, un centro deportivo o un edificio corporativo de referencia. En ese entorno se nombran uno o dos responsables que actuarán como “embajadores” del nuevo modelo y se acuerda una regla básica: ninguna avería sin registrar y ningún trabajo sin orden de trabajo. Este hábito es clave para que los datos que se volcarán en el GMAO sean fiables desde el primer día.​

Paso 2: diseñar el plan y configurar el GMAO

Con los activos críticos identificados y los problemas más repetidos sobre la mesa, el paso se centra en diseñar el plan de mantenimiento preventivo mínimo viable. No se trata de documentar todo, sino de empezar por el 20% de equipos que generan el 80% de incidencias y definir para ellos tareas periódicas sencillas: inspecciones, verificaciones de seguridad o lecturas de parámetros clave. Estas tareas se traducen en planes de mantenimiento con frecuencia y responsables y se cargan en el GMAO para que las órdenes preventivas se generen de forma automática.​

Al mismo tiempo se configuran los flujos básicos en la herramienta: tipos de órdenes (correctivas, preventivas, conductivas), prioridades, estados y permisos por perfil de usuario. La clave en esta fase es mantener la simplicidad, evitando crear decenas de categorías o campos que compliquen el uso diario. Sige21, al ser un GMAO SaaS flexible, permite ajustar esta configuración de forma ágil y añadir complejidad solo cuando el equipo ya domina lo básico.​

Paso 3: ajustar y demostrar resultados

En el paso llega el momento de vivir el cambio en el día a día. Las órdenes de mantenimiento preventivo empiezan a entrar en la agenda de los técnicos, que las combinan con las correctivas que siguen apareciendo, pero ahora todas quedan registradas en el sistema. Es importante acompañar al equipo en esta transición con formación práctica, soporte cercano y pequeñas mejoras de configuración basadas en su feedback.​

Con unas semanas de uso real, el GMAO ya permite generar informes que muestran la evolución: porcentaje de trabajos preventivos frente a correctivos, tiempos medios de respuesta, activos con más incidencias y causas más frecuentes. Estos datos se convierten en argumentos para demostrar a dirección que el departamento ha pasado de “apagar fuegos” a controlar el mantenimiento con criterio y evidencia. A partir de aquí se puede extender el modelo al resto de centros y activos, manteniendo el ciclo de mejora continua y aprovechando la flexibilidad y movilidad de Sige21 para consolidar un mantenimiento planificado y sostenible.​

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